MI Y SOL

  • María Teresa Narváez

Resumen

Amanecí­a. Tí­midamente los rayos del sol se abrí­an paso entre la densa neblina que cubrí­a el gran valle rodeado de montañas y surcado por un rí­o de aguas cristalinas que chocaban alegres sobre piedras pulidas. Cuando aclaró, el sol radiante iluminó un hermoso poblado con casas de paredes blancas y techos rojos; unas calles bien trazadas y adoquinadas, rodeadas por una extensa zona verde, con variadas plantaciones que le daban al poblado el aspecto de una hermosa colcha de retazos con toda la gama de la esmeralda.
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Artículos